Miles de trabajadores y trabajadoras del transporte de carga que cruzan diariamente la Puente Internacional San Ignacio de Loyola, entre Argentina y Paraguay, enfrentan condiciones que vulneran su dignidad y seguridad.
Los días de espera para realizar el cruze fronterizo se desarrollan con infraestructura inadecuadas para el descanso y sin agua potable. La falta de áreas seguras, servicios básicos y espacios apropiados para la larga espera de los conductores agrava una situación que afecta directamente su bienestar y sus condiciones de trabajo.
A ello se suma la creciente preocupación por la inseguridad en la zona. Los robos de piezas de vehículos y de mercancías se han convertido en una realidad frecuente, generando pérdidas económicas y exponiendo a los trabajadores a riesgos constantes mientras permanecen estacionados esperando la autorización para cruzar la frontera.
Las autoridades de ambos países deben actuar con urgencia para garantizar instalaciones adecuadas, reforzar la seguridad y agilizar los procedimientos de control fronterizo. Quienes sostienen el comercio y la integración regional merecen condiciones de trabajo seguras, dignas y humanas.